de olvidarte besando la piel de una mujer al otro lado de la luna,
en ese centello que dimos por un amor para siempre firmado en un papel,
en la divinidad de un ciudad llena de pecados,
y hoy al igual que el comienzo de nuestra historia,
todo termina en un pestanar que mi madre quizo prevenir al azotarme con una negativa.
Firme e indeciso heche andar mis mocasines a los carmines de una mujer llena de tinta,
de compostura desgastada y tan fuera de moda, tan simple y tan bella,
tan parecida al sueno que no pudiste cumplir.
El tiempo me ha enseno a no confiar, a paso lento se llega a Roma,
y al altar bajo los vinedos en California,
al fin y al cabo que es el amor sino una conveniencia,
un egoismo, una necesidad;
Tanto disfrute de nuestras confabulaciones, complicidades para sonar,
y desperte lejos sin saber de tu presencia;
entonces aprendi los idiomas del cantar, El Mio Cid,
el latin, el ingles, el frances, pero confieso que en mis grandes tempestades
el castellano sabe frutado y suena mejor,
y que la palabra vuela mas alto cuando se ama.
Arriesgo mis impertinencias, mis grandes y suculentos habitos de la tercera edad,
y cerrando los ojos ella aun me conserva,
y yo sigo caminando ciegamente al encuentro de su venebolencia.
Me acuerdo de ti por nostalgia, por que fuiste y eres pasado,
por que hoy veo cuando partiste y soy
un oceano en la serenata de una cancion de verano.