Abri el ojo por necesidad, costumbre, intuicion o simple desesperacion.
Yace desnuda como una canela enredada en la seda de las sabanas violeta,
esperando una placentera caricia,
un arroyuelo de cristales viajando desde cuello a la hendidura de sus gluteos.
Despierta con mis susurros al oido, sabiendo que me voy
que abandono el nido de nuestras conversaciones adulteras,
aquella casa de amalgamas y fluidos intercambiados.
He dispuesto el insomnio al renovado placer del narrar,
una necesidad absoluta que por hoy me ha despertado de una pesadilla irrelevante,
tanto que he optado por olvidar.
La prensa francesa, lleva molido el cafe por astucias de mi madre,
quien enseno a mi amante el como mantenerme calmo;
ella me hace sonreir apezar de su dual y compleja personalidad
de pezones cereza.
La taza negra que acompana mi habito despertino ha desaparecido,
ahora debo despertarla o gritar, refunfunar.
Me dirijo al cuarto principal,
mi mujer reposa enrollada en posicion fetal,
quiero cojer, fornicar, follar, terminar;
y entonces olvido el por que de mis enojos
en ese saliboso mundo de imaginadas eyaculaciones.
Por tres minutos me atiende con dulzura y sonrisa,
la precocidad me adormita,
duermo la continuacion de aquella pesadilla irrelevante.