Aquel nerviosismo me acongoja,
me deriva, depara, sobrelleva, arrepiente y desparata;
como una amante a la cual no perimito aceptar
por masculismos, verguanza al que pensaran.
Me conduce perdido en una ciudadela que en su mayoria todos descononen,
abarrricada a mis dedos, mis pericias de jugador compulsivo, de animal no pensante;
y me deja cabizbajo al llegar a esa sensatez de marioneta,
que con justo presagio aprendido a las orillas de una recuperada compustura,
una ingeniedad que lo niega todo me hace inutil;
entonces sobresalta mis inquietudes de pobreza e iniguldad
y me conlleva, me solloza al vivo palpitar de una vida paralela,
a la catatrofe de la catarsis que aun desconoces y tanto he de temer.
Entonces me temo a mi mismo y los anos venideros
donde tu confiada reposas tu esperanza en la soberania de un adicto.