Llevo los pantalones sujetados a una polera llena de huecos y que he dispuesto usar de correa,
la buena ventura de un laburo, un refugio, una comida al dia adelgazado mis siempre impertinentes kilos de mas.
La vejez no me sienta bien, no me es petecible el perder la juventud y abandonarme en la monotonia de una companera saciable.
En cambio la sirena del mar de oriente con la que sone tras haber recorrido la sordidez de BABEL, me rejuvenece, aunque mis anos no sean tantos, aunque este casado y sea marchito, silencioso, escondido el final de mis noches.