Llegue a los Estados Unidos a mediados de Julio, al fabuloso mundo de las Vegas, la ciudad de la luces, el juego, las putas y la gran porción de inmigrantes de Latino América, que sudan la gota gorda bajo los 100 grados Fahrenheit del strip, repartiendo volantes para servicios de acompañamiento, o limpiando las alfombras de hotel atascados de turistas durante la temporada alta entre otros.
Alfredo mi hermano, vivía al norte de la ciudad donde las luces ya no se distinguen, el ruido de las discotecas, ruletas, mesas de juego y conciertos no causan mayor altercados. Deje el gris de Lima días antes, embarcándome en un taxi rumbo al aeropuerto con la flaca que entonces me traía como perro; con planes de vernos en los siguientes meses y empezar una vida de ilegal.
No funciono, corte palitos dos semanas después de mi llegada, y como me arrepiento de semejante serenata, la flaca muy parecida a Julia Roberts, era una delicia, que cojia por donde podía, delirante y sumisa de un amor lleno de mentiras.
Tuve la suerte de contar con cierto respaldo, y opte por una visa de estudiante al enrolarme en una academia de ingles, la cual un mes después deje al encontrarme contratado como profesor de arte en una escuela en San Diego, Ca.
Arme mis butacas, una mochila de campamento, mis ahorros, la tarjeta y me di a la fuga; llegue justo a tiempo para la apertura, la esperada noche de gala que a tan mal planeamiento fue desastre; me motive a mi mismo llamando un viejo capricho de Lima a darme el encuentro, ser mi acompañante y darle cuerda al pinocho que traigo entre las piernas.
Un mes después me quede sin trabajo al entender que los términos del arte en ingles no son en Castellano; deje el motel del Down town y mi buen amigo Gerardo, no sin antes cogerme a la filipina-hawaiana del cuarto piso a cambio de unas cuantas latas de comida, que yacían vencidas 15 días atrás.
Su nombre no lo recuerdo.
10 Horas después con el culo sin raja, llegue a Texas de ilegal, al haber roto el convenio de las reglas estudiantiles para visados. Me hospede en los brazos de una italiana, cogimos, peleamos, nos amamos, nos arrepentimos, luego mas adelante decidimos casarnos.
Nunca saque los papeles, opte por el idealismo sabiendo que los matrimonios en Vegas, son en gran defecto solo una ventura.
Entonces patee latas durante el invierno en Texas, la ciudad en aquel tiempo tenía el transporte público restringido, sin solvencia, ni automóvil, no había caso más que regresar a mis antiguas formas para obtener un sencillo.
Decidi transportar mis sentaderas a la ferocidad de las calles de Dallas, catalogada actualmente como la tercera ciudad con mas crimen organizado en los Estates; deje la bohemia de Denton en bus, 2 horas después yacia en el paradero sin rumbo ni destino, sin paraje, ni confort, camine por horas sobre el largo pasadizo que conlleva al Deep Ellum, 7 cuadras llenas de disturbio que corren paralelamente sobre tres avenidas principales. Esperaba encontrar un hospedaje para backpackers, algún lugar turístico con información en castellano, no luck, no fucking luck!
Conoci una flaca, que dice corrió tras de mí por dos cuadras, gritándome, yo atrapado en el dolor de los pies después de 3 horas de caminata, hice caso omiso a un lenguaje que desconocía, el ingles. Entonces recordé a mi madrastra cuando iba en el noveno grado dándome un sermón sobre la importancia del idioma, en ese entonces también me cague en la conversación y la trate de piruja por falta de entendimiento.
La flaca, a quien recuerdo gratamente trabajaba como analista en un laboratorio medico, me ofreció hospedaje aun sabiendo que tenia un esposo que era chef y dos hijas a unas cuantas de cuatro y seis anos; después descubri que era fotografa y contada con una colección irremplasable, fácil de robar.
El chef, su marido preparo rigatoni a la primavera, una delicia, nada mal para un comensal como yo que no había probado bocado en las ultimas 48 horas; 10pm a la cama señores.
Minutos antes discutimos la idea de conseguirme algún sitio estable, hicieron unas cuantas llamadas telefónicas y escogieron un buen joint, centralizado, fuera de mi presupuesto.
El resto es historia, me dejaron la siguiente mañana, entonces camine, sin rumbo ni destino, sin paraje ni confort; tome el transporte publico de regreso a la estación de buses, esperando encontrar información turística; not a fucking chance!
Me empate con un negrito, de ojo revirado, aun sabiendo que su nobleza era quizá un truco, nos movimos al guetto, zona pobre, zona roja y varamos en un motel, donde fui robado. Un deleite. Minutos después ingrese a la oficina, donde un palestino, iraquí o whatever me dio la indicación al otro lado del vidrio que aquel individuo no habia ingresado, y si no bajaba el tono de voz y abandonaba el lugar, llamaría a la policía.
So, now what? me pregunte angustiado, paralizado, irritado, a punto de disparar, recoji la silla de manera y la revente sobre el vidrio que dividia la oficina y la sala de espera, con una sonrisa de oreja a oreja que el servidor no pudo prever; corri y sigue corriendo, corriendo como Lola corre como Lola.
Daban las ocho de la noche, la noche era azul, y yo olia a mierda, regrese a la estación de buses donde me desplome hasta la mañana siguiente.
Alquile un locker, dejando mis pertenencias en la seguridad de un establecimiento, me medique a la búsqueda de un trabajo, a la desesperada búsqueda de un lugar donde pueda establecerme. Las siguientes tres noches dormite en un edificio abandonado en el downtown con una para de putas que se ofrecieron por $10 dolares.
Finalmente la tercera mañana me hospede en un motel de mala muerte cerca al downtown.
Aquella noche retorne a la estación de bus, esperando encontrar al noble negrito, BINGO!
No quizo recordarme, entonces corrió, corrimos, peleamos, victoria!
Finalmente agarre un laburo, basándome en la genialidad de la labia peruana, mi lado artístico y asumo que la necesidad de llevarme el pan a la boca.
Entonces supuse todo estaría bien, dejando un el pasado enterrado en las arenas de la costa verde en Lima, no mucho después fui arrestado por falta de documentación en un delito menor, expulsado, deportado, escupido de un sociedad de sueños inalcanzables para un ilegal.
