Llevas la boca, con el acento cantado;
en un despligue de preguntas que bien sabes me incitan a la locura;
pues soy mudo, y no gesticulo mas que con sonrisas de nino macabro.
Me llevo el esperpento a la boca,
amargo y negro aroma en contraste a tus rizos pero laciados cabellos barroquinos,
que acompanan mi dilatada sosaguez en la soleada perbola de un viejo canton artistico.
Me sonrio ante tanto erotismo,
las anotaciones, ciertamente indefinidas de una pintura amarilla,
el contenido abstracto de una irrealidad explicable,
y las conclusiones de un manifiesto inconfundible.
El espresso viene caliente, espumoso, radiante con olor melancolico,
bebemos, la dulzura de naranja;
me sonrojo, me cautiva la indefinida linea entre tu labios y mi boca.