Escuche la historia de un escritor de las fauces de un lector, siendo ambos amigos mios; entonces decubri la envidia, no del escribir mas bien del hablar un segundo idioma, que si bien distingo y entiendo no reconozco en su totalidad, a causa de una abrupta enfermedad cuando nino relacionada a la falta de atencion.
Entonces retorno a mis anos de ninez, cuando mis destrezas de distraccion fuesen mayores que mi habilidad de aprendizaje, y a consecuencia, una exoneracion en todas las tematicas relacionadas al lenguaje.
Todo ese maltrato a los simientos de mi aprendizaje caduco, cuando mi familia decidio tomar una viaje largo y lleno de aventuras al norte americano, y darse con la sorpresa de una imposible recuperacion propia en los cursos avanzados al perder mes y medio de colegiatura y necesitar mas de lo posible a obtener para salvar el ano colegial.
Duarante el segundo recreo de un viernes, en la ultima semana del tercer periodo vi a mi padre abrirse paso entre profesores, alumnos, amigos, y otros a traves del patio principal de la escuela; quien habia sido convocado a una reunion con la directora, duena y profesorado para un diagnostico sobre mi ano escolar.
Durante el interin, mis amigos y yo nos escabullimos entre los pasillos ladrillados, llenos de curiosidad esperanzados en atender a una resolucion, pero mas alla de lo obvio el ver a mi padre, quien tenia fama de mala bronca y mal genio, el dominar ese ganado de toros y vacas.
3 minutos 21 segundos y 57 milesimas conto Rodrigo, usando un reloj Casio.
Mi padre decidio que ante la rudeza de las palabras de la directora al llamarme bruto o retardado mental, no habia mayor plausible contra ataque que partir el tope de vidrio que restaba sobre las piernas de caoba del escritorio como una ultima aclaracion, definicion y salida.
Aun recuerdo el estallido y puedo ver las esquirlas de vidrio volar y caer como lagrimas enfrente de mis ojos.
Esa tarde mi padre me tomo del pescuezo, y dejando los libros, los amigos y la chica que aquel entonces estaba por darme su virginidad, fui expulsado, dirigido a un nuevo por venir y temporalmente obligado al no aprender un segundo idioma.
Con los anos y muchas otras escuelas mis distracciones fueron reducidas y mis intereses por el arte o las letras incrementaron, sin mayor impacto; la vehemencia de los anos, la necesidad, la busqueda de una rehabilitacion o incorporacion a una sociedad nueva me oriento a nuevas busquedas entre las cuales, la tematica de aprender aquel famoso, infame segundo idioma se hizo primordial; finalmente aprendi en mis veinte lo que no pude durante mi adolescencia, y aun asi prefiero a pezar de la envidia el sabor del buen castellano.